Acompañar nuestro Miedo

MIEDOHace tiempo que quería escribir sobre el miedo. Poder verlo cómo es, cómo se siente, cómo nos afecta y nos encamina en la vida y contárselos.

Lo cierto es que el miedo es una de las emociones que más nos acompaña en la vida. Comienza cuando niños, con el desapego de nuestra familia, cuando alguien nos hace daño y no nos sentimos protegidos, especialmente por nuestros padres. Nace entonces el miedo al dolor, al rechazo, a que nos hagan daño, o a que no nos quieran. Distintas situaciones en la vida nos van enseñando a tener miedo y así también absorbemos los miedos de nuestro entorno. En las grandes ciudades, desde chicos nuestros padres nos dicen, no hables con extraños, no salgas sola en la noche; nos enseñan la desconfianza y a temerle a personas desconocidas ¿Qué miedos crees tú has recibido de tus padres, abuelos, amigos, etc.? ¿Le has enseñado algún miedo a tus hijos, amigos o familia?

Nosotros los coaches, hablamos de que las emociones no son buenas ni malas. Tienen sus luces y sus sombras y nos determinan la vida. Podríamos decir que la luz del miedo es que nos protege y nos cuida de algún peligro. Si somos dañados eso puede quebrar nuestra dignidad y la auto-confianza como individuos. Ese miedo al rechazo cuida nuestra integridad, valía y dignidad como personas. El miedo se origina porque vemos como real una posible pérdida. Tememos perder nuestra dignidad; el cariño de quienes nos rodean; el control; nuestro bienestar; lo material, etc. Y por eso, nos mantenemos en nuestro espacio de comodidad, con nuestras rutinas y en nuestro entorno protegido.

La mayoría de nosotros ve el miedo como negativo y es porque muchas veces nos paraliza, no nos permite ir en búsqueda de lo que queremos. ¿Cuántas veces en la vida elegimos el camino más fácil? El más cómodo? Por miedo a no lograr lo que esperan de nosotros o encontrarnos con la frustración de no haber logrado lo que queríamos.

¿Cuántas veces llenamos nuestra vida de actividades por miedo al silencio, a la quietud, a nosotros mismos. Porque si tenemos tiempo para nosotros no queremos pensar ni sentir. Miedo también a enfrentan nuestra propia soledad, tristeza y compromiso con nosotros mismos.

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¿Cómo se siente el miedo en el cuerpo? Cuando estamos en el miedo, nuestro cuerpo esta tenso, esta contraído hacia adentro. Es similar a una sensación de frío. El estómago, la espalda, los hombros y las piernas contraídas. Es como si el cuerpo quisiese protegerse, cuidarse o esconderse. El miedo también se siente en el centro del pecho y en la espalda como una tensión que bloquea la energía que fluye a través del cuerpo. Cuando el miedo es excesivo genera angustia y nos paraliza y se nos aprieta el pecho.

Si escucháramos más nuestros miedos sabríamos como hacernos cargo de lo que sentimos. Hay miedos que surgen de nuestros propios juicios y evaluaciones del mundo, o bien de experiencias pasadas. Hay otros que nos invitan a confiar en nuestros propias herramientas, a confiar en la vida, en Dios, y a atrevernos y pegar el salto para lograr lo que queremos. Muchos emprendedores están en esa situación. Muchos de ellos no son conscientes del miedo ni éste los paraliza, porque su objetivo y lo que quieren los motiva tanto que no le dan espacio a vivir el miedo.

Como algunas otras emociones, el miedo no nos gusta. No solo porque nos paraliza pero porque públicamente tener miedo no es validado. Automáticamente cuando alguien tiene miedo puede que te juzguen de cobarde y eso no esta bien visto tampoco.

Cuando actuamos en presencia del miedo lo hacemos con valentía. La valentía no quiere decir que no tengamos miedo, si no que actuamos con él. Nosotros mismos llamamos a la valentía cuando nos queremos atrever a emprender nuevos caminos y cerrar otros.

El miedo no se apaga ni se controla como algunas piensan. Solo se puede apaciguar escuchándolo, valorando lo que siento, lo que me hace tenerlo y vivirlo. Comprender que me hace tener miedo y así poder tomar una decisión más consciente y no decir: “Elegí hacer esto, porque lo otro me dio miedo.” Cuando nos hacemos conscientes del miedo, le podemos dar espacio para que aparezca, escuchar lo que nos dice, y acoger todo eso que sentimos. Cuando miramos las posibles pérdidas y las ganancias de atrevernos, podemos invitar al coraje y somos libres para tomar la mejor decisión para nosotros mismos.

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