¿Cómo me detengo en la inercia de la vida?

IMG_0877En mi camino de crecimiento personal me doy cuenta muchas veces, cuándo me he quedado pegada por algunos días.  Los psicólogos y expertos le llaman el quedarse paralizada/o.  En mi lenguaje es un poco común este término.  Les explico, es como si andará por inercia, pierdo el foco hacia donde voy. Me disperso, tengo cosas pendientes que hacer no se por donde empezar, y finalmente evado.  Me pongo autocomplaciente.  Los demás dirigen mi camino esos días,  me invitan a salir y voy, me piden ayuda en algo, y voy.  Sigo evadiendo,  mientras me vuelvo hacia afuera.  Bajo el ritmo y cantidad de mis actividades.  Pierdo de vista donde quiero estar y que tengo que hacer para llegar ahí.

Una vez que me veo en ese espacio, me doy cuenta que quiero salir de allí y seguir adelante.  Automáticamente me aparece la necesidad de replantearme mis objetivos.  Recuerdo después, la necesidad de mirar los motivos que me llevaron a encontrarme en ese estado.  Muchas veces es por miedo.  El tan común y temible miedo al fracaso, al dolor, a lo incierto, a lo que no es seguro.  Una vez visto los motivos, busca actividades y acciones que me permitan enfrentarlos de una manera más amigable y aceptando lo que me ha ocurrido.  Me pregunto ¿Qué está a mi disposición para poder avanzar?  Muchas veces pongo esta conversación al servicio del equipo, o bien lo hago con amigos.  Me permite entonces soltar la exigencia de lo perfecto, de no cometer errores, y conectarme con mis propias herramientas, con mi propio ser e intuición.

Cuando replanteo mis focos miro mi gran objetivo, generalmente profesional, y me pongo objetivos de corto plazo, algo como el paso a paso.  Eso me ayuda a partir con acciones más concretas y alcanzables.

Un complemento importante de esta conversación interior es el trabajo del cuerpo.  Es el darme cuenta como estoy físicamente.  Me veo y me siendo como “pegada”, mi cuerpo esta pesado, me cuesta moverme, me canso rápidamente, y me quedo en el espacio de comodidad siendo además auto-complaciente.  Al verme así, me motivo con un esfuerzo monumental para intervenir en mi cuerpo para conectarme con la energía de ir hacia adelante.  Me dispongo a hacer ejercicios.  Sé que cualquier actividad física que haga me ayudará a movilizar el cuerpo y mis objetivos hacia adelante.  El objetivo es lograr mayor tensión y tonicidad muscular.  Es como tomar el cuerpo para movilizarme.

Complemento todo esto, con mis meditaciones diarias.  Meditaciones que me permiten conectarme con el aquí y el ahora y mi propia intuición.  Esto es lo que nos ayuda a intencionar cada actividad que realizamos.  Cada cosa que hacemos es para un objetivo mayor.

Resumiendo hay varias acciones que podemos hacer cuando vemos que nos quedamos pegados:

  1. ¿Estoy pegada? Lo siento, lo vivo y lo reconozco.
  2. ¿Qué me llevo a quedarme pegada/o? ¿Qué siento? ¿Qué estoy evadiendo?
  3. ¿Para donde voy? ¿Donde quiere estar?
  4. Definir objetivos y/o acciones de corto plazo, y alcanzables.
  5. Conectarse con la energía que nos moviliza, interviniendo el cuerpo con trabajo físico.
  6. Meditar para conectarnos con nuestra propia esencia.

El primer paso es darnos cuentas del estado en que estamos y aceptarlo, siendo comprensibles y generosos con nosotros mismos.  Escucharnos y querernos.  Es la forma de volver a nuestro camino.

En mi camino de crecimiento personal me doy cuenta muchas veces, cuándo me he quedado pegada por algunos días.  Los psicólogos y expertos le llaman el quedarse paralizada/o.  En mi lenguaje es un poco común este término.  Les explico, es como si andará por inercia, pierdo el foco hacia donde voy. Me disperso, tengo cosas pendientes que hacer no se por donde empezar, y finalmente evado.  Me pongo autocomplaciente.  Los demás dirigen mi camino esos días,  me invitan a salir y voy, me piden ayuda en algo, y voy.  Sigo evadiendo,  mientras me vuelvo hacia afuera.  Bajo el ritmo y cantidad de mis actividades.  Pierdo de vista donde quiero estar y que tengo que hacer para llegar ahí.

Una vez que me veo en ese espacio, me doy cuenta que quiero salir de allí y seguir adelante.  Automáticamente me aparece la necesidad de replantearme mis objetivos.  Recuerdo después, la necesidad de mirar los motivos que me llevaron a encontrarme en ese estado.  Muchas veces es por miedo.  El tan común y temible miedo al fracaso, al dolor, a lo incierto, a lo que no es seguro.  Una vez visto los motivos, busca actividades y acciones que me permitan enfrentarlos de una manera más amigable y aceptando lo que me ha ocurrido.  Me pregunto ¿Qué está a mi disposición para poder avanzar?  Muchas veces pongo esta conversación al servicio del equipo, o bien lo hago con amigos.  Me permite entonces soltar la exigencia de lo perfecto, de no cometer errores, y conectarme con mis propias herramientas, con mi propio ser e intuición.

Cuando replanteo mis focos miro mi gran objetivo, generalmente profesional, y me pongo objetivos de corto plazo, algo como el paso a paso.  Eso me ayuda a partir con acciones más concretas y alcanzables.

Un complemento importante de esta conversación interior es el trabajo del cuerpo.  Es el darme cuenta como estoy físicamente.  Me veo y me siendo como “pegada”, mi cuerpo esta pesado, me cuesta moverme, me canso rápidamente, y me quedo en el espacio de comodidad siendo además auto-complaciente.  Al verme así, me motivo con un esfuerzo monumental para intervenir en mi cuerpo para conectarme con la energía de ir hacia adelante.  Me dispongo a hacer ejercicios.  Sé que cualquier actividad física que haga me ayudará a movilizar el cuerpo y mis objetivos hacia adelante.  El objetivo es lograr mayor tensión y tonicidad muscular.  Es como tomar el cuerpo para movilizarme.

Complemento todo esto, con mis meditaciones diarias.  Meditaciones que me permiten conectarme con el aquí y el ahora y mi propia intuición.  Esto es lo que nos ayuda a intencionar cada actividad que realizamos.  Cada cosa que hacemos es para un objetivo mayor.

Resumiendo hay varias acciones que podemos hacer cuando vemos que nos quedamos pegados:

  1. ¿Estoy pegada? Lo siento, lo vivo y lo reconozco.
  2. ¿Qué me llevo a quedarme pegada/o? ¿Qué siento? ¿Qué estoy evadiendo?
  3. ¿Para donde voy? ¿Donde quiere estar?
  4. Definir objetivos y/o acciones de corto plazo, y alcanzables.
  5. Conectarse con la energía que nos moviliza, interviniendo el cuerpo con trabajo físico.
  6. Meditar para conectarnos con nuestra propia esencia.

El primer paso es darnos cuentas del estado en que estamos y aceptarlo, siendo comprensibles y generosos con nosotros mismos.  Escucharnos y querernos.  Es la forma de volver a nuestro camino.

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