Estar Conectados con Nosotros Mismos

Chip_2_Africa_2012_453La práctica de estar consciente y presente es para mí algo permanente.  Por un lado, nuestro trabajo, cualquiera que sea requiere nuestra mente.  La usamos todo el día.  Y es porque la necesitamos, para planificar nuestra vida, para ordenar y coordinar acciones, analizar y ejecutar proyectos tanto en el trabajo como en nuestra vida personal.  El desafío es como dejarla de lado cuando ya no nos hace bien.  Cuando en vez de disfrutar un momento con mi pareja, amigos, o un almuerzo, me pongo a pensar en otras cosas; cuando no me permite disfrutar de mis hijos, y estar en el hacer todo el tiempo para olvidar las preocupaciones.

Estuve trabajando por un largo tiempo en horario de oficina, en distintos trabajos.  Tenía poca calidad de vida, siendo soltera me quedaba hasta tarde en la oficina, comía tarde y en la noche, a veces despertaba angustiada por resolver algún problema que se me presentaba en la oficina.  Trabajaba con personas y creía que tenía que resolverle el problema a todos.  Con todo eso, viví harto tiempo en esta ceguera.  Queriendo demostrarle al mundo que yo era capaz, que yo valía, y que pertenecía a donde estaba.  Sentía que por mucho que hiciera mi trabajo, no avanzaba, había mucho por hacer siempre.  Era un peso.  Y muchas veces eso perjudicaba mi quehacer en mi trabajo.  Mis altibajos de ánimo, mi poca paciencia, mi falta de concentración, mi falta de foco en las prioridades y en lo importante afectando mi obtención de objetivos y una grata convivencia con mi entorno.  Eso me generaba aun más frustración.

Un día me di cuenta que por mucho que hiciera cosas afuera en mi vida, no conseguía acabar con el vacío que sentía en mi interior.  Pase un tiempo angustiada, ya no quería ir a trabajar, no lo disfrutaba como antes, tenía que hacer un esfuerzo importante para estar presente y hacer lo que tenía que hacer en mi trabajo.  Estaba cansada todo el tiempo.  Me embargaba la pena y frustración cuando estaba sola.  Solo quería distraerme, disfrutar un poco más de la vida, buscando darle más sentido.

Entendí después que había abandonado mi alma.  Que me había postergado.  Que buscaba en otros que me aceptaran, sin mirarme y aceptar lo que soy.  Estuve un largo tiempo trabajando con el piloto automático sin darle valor a lo que hacía.  Me entregaba de lleno a otros sin percatarme de lo que yo estaba sintiendo, o pensando.  El darme cuenta de que lo estaba pasando mal, fue mi primer paso para comenzar a ser consciente.  Ahí pedí ayuda, y se me fueron abriendo puertas para seguir trabajando con ese despertar.

Algunas preguntas que me hice en ese momento de darme cuenta son:

– ¿Cuántas cosas hago durante el día, la semana, el mes etc., que disfruto y me gustan? Estoy todo el día pensando, en el trabajo, en mis hijos, en mi pareja, en cumplir las expectativas que tienen de mí, y dejo de pensar en lo que necesito.  

– ¿Cuánto espacio me doy para elegir lo que quiero en mi vida? Es cuando uno dice, no tengo tiempo para hacer lo que quiero.  No puedo.  Otros me necesitan.  

– ¿Cuántos “pero” le pongo a las cosas que quiero hacer? 

– ¿Cuantos “debo” me pesan durante el día?

– ¿Cuántas veces elijo con libertad lo que quiero hacer?

– ¿Qué creencias están detrás de mis elecciones? Elijo quedarme en la empresa aunque no lo paso bien, porque es una buen trabajo, porque me pagan bien, es un buen escalón en mi carrera, etc.

– Cuando pienso en tomar alguna decisión en donde elijo, ¿Cuánta resistencia y rechazo recibo en mi entorno? ¿Qué hago con ese rechazo?  Es como cuando escogemos por ejemplo, cuando tomamos decisiones importantes, y nuestros amigos y familia no apoyan la elección.  ¿Qué me pasa con eso? Pierdo la confianza en mi elección y elijo escucharlo a ellos?

Después de hacerme consciente de mi propio abandono, elijo siempre.  Y si hay algo que tengo que hacer porque es mi responsabilidad elijo hacerlo con entusiasmo y entregando lo mejor de mí, entendiendo que es parte de un propósito mayor en mi vida y que algo tengo que aprender de estar ahí.

La típica es llevar a mi abuela al médico.  Me tengo que aguantar las quejas, la negatividad, su paso lento, etc.  Pero mi propósito es cuidarla, tiene 97 años, y siento que puedo seguir aprendiendo de lo mejor de ella.  También lo hago para apoyar a mi mama en su cuidado.  Finalmente termino cambiando su negatividad y tomándonos una once en algún café disfrutando la tarde.  Después la dejo y me digo, el esfuerzo valió la pena, compartí una rica tarde con ella.  Me encontré con el ser humano que me tenía que encontrar.

Cerrando este artículo, sugiero que la mejor manera de aprender a ser consciente, es escucharnos en las críticas, en las quejas, en los disgustos, los reclamos del día a día, y más aún escuchar mis pensamientos.  ¿Cuáles son los pensamientos más frecuentes que tengo?

Una de las importantes señales de cuando no estamos siendo conscientes, es cuando nos aparece el cuerpo.  Generalmente, en resfríos abundantes y largos, en dolores de espalda, dolores de cabeza, cansancio físico, etc.  Por eso, es importante también, escuchar el cuerpo, ¿Cómo siento mi cuerpo? ¿Está cansado? Tiene alguna molestia? ¿Algún dolor?   El cuerpo no nos puede mentir, el cuerpo no divaga en pensamientos y cuando se conecta con el exterior aparecen las sensaciones en él.    El cuerpo siempre está presente en tu vida, eres tú quien no lo escucha.

Para comenzar este camino, les dejo las preguntas de este artículo.

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